A todos los
que me han mandado fotos de su obra, muchas veces de sus propias colecciones
privadas, muchísmas gracias. Me
parece que esto va a ser un sitio precioso.
Si sólo tuviera los recursos, haría yo una galería dedicada a su obra.
Es que muchas de sus obras están en colecciones privadas, fuera del ojo
del público. Hay tanto allí para
el mundo. He dicho en varias
ocasiones que el maestro Endara Crow en realidad es uno de los mejores
embajadores para la belleza del Ecuador.
En cuanto a mi
interés personal en la Obra de Endara Crow, desde que estaba en el Ecuador hace
ya 17 años, me enamoré del paisaje y el estilo de vida allá.
He visto mucha tragedia y tengo amigos caros que han sufrido muchísimo
en los últimos años por la economía y otros problemas, pero siempre me
sorprende lo resistente que es la gente. Siguen
adelante. Al conocer la obra a uno
de los discípulos de Endara Crow (un señor
Mosquero) en Ambato en 1999, supe
que ésa era la representación acertada de esta tierra encantada.
Encapsula en sus imágenes lo esencial de la gente, el paisaje y el
sentimiento colectivo. Para mí la
obra de Endara Crow (y algunos de sus mejores imitadores y discípulos) es el
mejor arte del mundo. Si tuviera
que expresar exactamente lo que es que me encanta de su arte, tendrá que ser
una combinación de elementos, los cuales son: la aparente inocencia de sus
escenas y las líneas claras y definidas como en los tejados - mientras las
montañas en el fondo son borrosas. Me
gusta que su arte exprese algo tan puro y todavía incorrupto.
No sólo son los colores que me gustan pero la yuxtaposición de los
colores (i.e. azúl marino junto a amarillo y oro, rojo junto a verde,
anaranjado junto a morado, etc.).
Además, su fantasía no es absurda, se presentan los caballos azules,
los huevos y fruta suspendidos en el aire tan natural como si así fuera el
mundo. La composición no es
forzada ni incómoda. Crea la
expectativa de que en realidad existe un lugar en donde los trenes pasan por el
cielo a las 11:00 de la noche llevando campanas y santos de un lugar a otro.
Benjamín Smith (2004)